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sábado, 6 de octubre de 2012

Historia de la Homosexualidad Parte 11



Posteado por: retratosdelahistoria 


El Caso Eulenburg


En 1907 estalla en Alemania el mayor escándalo político del IIº Reich (1871-1918): el Caso Eulenburg, que provocará una auténtica ola de homofobia tanto en la prensa como en la opinión pública, y cuyas repercusiones sobre la sociedad alemana e internacional serán múltiples.

El Príncipe Philip zu Eulenburg (1847-1921), quien no esconde realmente sus preferencias amorosas, es el consejero y el más cercano amigo del emperador Guillermo II (1859-1941), subido en el trono prusiano y alemán en 1888. De 12 años mayor que el kaiser Guillermo II, Philip zu Eulenburg mantiene una relación ambigua con el soberano y se encuentra tras todas las decisiones de éste. Guillermo II le propone tomar el cargo de Canciller cuando, a principios de los años 1890, obtiene la dimisión del Príncipe Otto von Bismarck-Schoenhausen. El Príncipe zu Eulenburg preferirá permanecer en el cargo de embajador de Prusia en la corte imperial de Viena. Asqueado, von Bismarck escribe a su hijo que la relación entre el kaiser y Eulenburg "no puede escribirse sobre el papel".



Philip, príncipe zu Eulenburg-Hertefeld (1847-1921)


Un periodista judío, Maximilian Harden (1861-1927), al corriente de las prácticas de Eulenburg, le chantajea y le exige que dimita de sus funciones como embajador en Viena. Eulenburg cede al chantaje y opta por retirarse en su residencia de campo, en Alemania. Durante 3 años, Eulenburg desaparece del escenario político. Pero a partir de 1905-1906, retoma sus relaciones con el emperador. Corre entonces el rumor de que podría asumir el cargo de canciller, y el testarudo periodista Harden lanza entonces un nuevo ataque contra Eulenburg en dos artículos aparecidos en la revista Die Zukunft, acusándole implícitamente de tener una relación con el comandante militar de Berlín, Kuno von Moltke (1848-1916) -no lo confundamos con el General Helmut von Moltke, artífice de la victoria alemana durante la guerra de 1870-1871-, describiéndoles respectivamente como "el Arpista" (Eulenburg era aficionado al arpa y compositor para este instrumento) y su amante como "der Süsse" (Von Moltke tenía una debilidad por los bombones de chocolate). Eulenburg huyó a Suiza, donde se refugió para evitar el escándalo.



caricatura de 1908: Eulenburg y Von Moltke flanquean las armas de Prusia


Habría que esperar 6 meses para que la identidad de Eulenburg y de von Moltke sean públicamente reveladas. El 27 de abril de 1907, Harden publica un artículo de lo más explícito al describir que la "vita sexualis" de Eulenburg, no era mucho más sana que la del Príncipe Federico Enrique de Prusia, quien había confesado públicamente su homosexualidad. La opinión pública ve entonces en Harden al héroe que salva el aparato estatal de la depravación y de la corrupción. El kaiser Guillermo II, ya muy comprometido en su autoridad, tendrá que obligar a varios altos funcionarios a dimitir. En medio de la hecatombe, Eulenburg admitirá haber violado el artículo 175 y, tras una breve investigación, se ve beneficiado de un juicio nulo. Pero Kuno von Moltke insistirá para atacar al periodista Harden, contra el cual presentaría una querella por difamación.



el Conde Kuno von Moltke (1848-1916)


El 23 de octubre de 1907, el juicio von Moltke contra Harden se inaugura en Berlín y, durante los debates, detalles morbosos de la vida de von Moltke son revelados. Varios testigos son citados, entre los cuales Magnus Hirschfeld, siempre hambriento de publicidad, llamado a dar su testimonio de manos de Harden en calidad de experto científico. La homosexualidad de von Moltke será formalmente establecida y perderá el juicio. Es interesante subrayar que, durante el primer juicio, Hirschfeld, en calidad de experto científico, convence la corte de Justicia que von Moltke no es ni un pederasta, ni un sodomita, sino un "homosexual", insistiendo sobre su perfil afeminado, artista, muy emocional e inestable, dejando entender que la homosexualidad pueda ser una desviación psicológica innata, de la cual no se pueda ser responsable, y que no tiene por qué expresarse mediante la sexualidad. Eulenburg y von Moltke no se consideraban ellos mismos "homosexuales", ya que admitían los hechos bajo la apariencia de una relación amistosa pero rechazando de plano la etiqueta de "depravado" o de "sodomita". Ante el tribunal se justifican, jurando que nunca mantuvieron relaciones inmorales o sucias. Pero repentinamente ocurre un vuelco de la situación: el proceso judicial es anulado por vicio de forma. El Gobierno Prusiano ha comprendido que la victoria de Harden, un periodista judío, asociado a Hirschfeld, otro judío que dirigía el CCH, ponía en peligro la reputación de las instituciones y la respectabilidad de la clase gobernante.

Mientras tanto, el 6 de noviembre de 1907, otro juicio se iniciaba, el que oponía el canciller imperial von Bülow (1849-1929) a Adolf Brand, editor de la revista Der Eigene. Adolf Brand acusa a von Bülow de homosexualidad. Brand, que podría ser calificado de precursor de la política del "outing", adopta una táctica distinta de la de Hirschfeld. Desea llamar la atención sobre la injusticia del art.175 él también, pero de manera mucho más provocadora y menos políticamente correcta, haciendo una lista de "casos actuales" de homosexuales. Es finalmente él, tras una sola jornada de juicio, quien será condenado a 18 meses de cárcel por difamación.

El 18 de diciembre de 1907 se abre el segundo juicio entre Harden y von Moltke, al término del cual el antiguo comandante militar de Berlín es inocentado y Harden es condenado a 4 meses de cárcel por difamación. Feliz, el kaiser Guillermo II rehabilita públicamente a Eulenburg y a von Moltke. Pero la alegría será de corta durada ya que Harden, una vez fuera de la cárcel, pone en pie una estratagema para hacer caer a Eulenburg y a von Moltke. Se asocia a un editor bávaro, Anton Städele, y hace publicar por éste un fraudulento artículo afirmando que Eulenburg le había entregado 1 millón de marcos para que dejase de atacarle. Harden se querella entonces contra Städele, su comparsa, y transforma el tribunal en un escenario público para relatar en él los detalles del Caso Eulenburg. En el juicio va hasta a citar como testigos a amantes de Eulenburg con el fin de provocar otro juicio, por perjurio esta vez, Eulenburg habiendo jurado nunca haber violado el art.175. La estrategia funciona y, el 7 de mayo de 1908, Eulenburg es inculpado por perjurio. Pero tras nuevos juicios que durarían hasta 1909, nunca sería condenado, fingiendo estar enfermo y desmayándose en las sesiones del tribunal.

A finales de 1908, otro escándalo, acallado éste, implica directamente al kaiser Guillermo II de Alemania. El emperador comete una "metida de pata" diplomática colosal al conceder una entrevista al rotativo británico The Daily Telegraph, en la cual expone sus opiniones sobre las relaciones anglo-germanas y su rivalidad en la conquista de los mares. La publicación de la entrevista provoca un escándalo en el Reichstag, tanto entre los rangos de los adversarios de una entente germano-británica como entre los políticos que no veían con buenos ojos la divulgación de la estrategia alemana en la prensa británica. Despechado, Guillermo II se retira en su propiedad campestre de la Selva Negra para una partida de caza. Es allí, en el curso de una fiesta, que el Conde Dietrich von Hülsen-Häseler, jefe del Secretariado Militar, da el espectáculo tras la cena y ejecuta un "paso en solitario" vestido con un tutú de bailarina. La asistencia estalla en carcajadas hasta que el conde travestido cae fulminado bajo los ojos del kaiser Guillermo, víctima de un infarto. Guillermo II abandona a toda prisa la sala para no ser visto e intenta acallar el incidente. Afortunadamente, semejante incidente no llegaría a oídos del gran público, pero el emperador, ya afectado por el Caso Eulenburg y el escándalo de la entrevista del Daily Telegraph, no soportará este nuevo asunto y se hundirá irremediablemente en una depresión nerviosa. Un invitado a la famosa cena con "espectáculo" escribió: "En Guillermo II he visto un hombre que, por primera vez en su vida, con ojos petrificados de horror, tuvo que ver el mundo tal y como es verdaderamente".

viernes, 2 de diciembre de 2011

Tolerancia en tiempos de crueldad

Por Salvador Cruz (Colef)*
Diversas son las expresiones de violencia que hoy aquejan a nuestro país. La más voraz de todas por su sadismo, por sus consecuencias letales e impacto en la sociedad, es el homicidio doloso. Acontecimientos como los 72 inmigrantes ejecutados en Tamaulipas, los 17 adolescentes asesinados en Villas de Salvárcar en Ciudad Juárez, los más de treinta cuerpos torturados y arrojados en una vialidad en Boca del Río, Veracruz, donde se identificó un conocido transexual de la localidad, representan ejemplos de la crueldad más recalcitrante.
Al parecer, la crueldad es un distintivo de la especie humana que se emplea como medio para lograr ciertos fines. Realidad que nos hace preguntarnos por el sentido de lo humano, por lo que nos permite estar juntos unos con otros, por la sociabilidad en general. Resulta apremiante castigar a los autores intelectuales y ejecutores de dichos actos crueles, saber quiénes son los cabecillas, los hombres o mujeres en el poder, con poder y de poder, que permiten la implementación de estrategias de aniquilación que sobrepasan toda racionalidad y desvalorizan la vida humana, pero más relevante resulta cuestionarnos sobre la estructura social que lo sustenta y la cultura que lo gesta. Un conjunto de elementos posibilita a las organizaciones criminales, que como una maquinaria pesada, arrasen con instituciones, políticos, funcionarios, empresarios y diversidad de voluntades que, de forma directa o indirecta, propician, solapan o silencian cada peldaño que va afianzando la empresa criminal.
Las acciones de crueldad que vemos en estos tiempos se han ensañado con ciertas categorías de sujetos que históricamente han permanecido en la exclusión y marginalidad social; mujeres, jóvenes, pobres, migrantes, homosexuales, transgéneros, indígenas, entre otros. Pero lamentablemente, no es solamente el crimen organizado que toma como presa fácil a los grupos marginados para su explotación o victimización, sino que desafortunadamente cubre a todo el cuerpo social.
¿Qué sentimientos nos unen y nos separan de los otros?
Se habla de xenofobia, homofobia, lesbofobia, transfobia, bifobia, tantas formas de intolerancia que enmarcan nuestra sociabilidad. De forma evidente, el rechazo de lo diferente aparece como punto nodal: por clase, sexo, género, color de piel, orientación sexual, origen social, estatus migratorio, estado de salud, creencia religiosa, afinidad política o religiosa, o por una infinidad de cosas más.
Lamentablemente, estas categorías de distinción no están únicamente al exterior del individuo, sino que forman parte de él; hay homofobia en el homosexual, misoginia en las mujeres y racismo en el negro. En la interacción social hay un eje de relación marcada por la alteridad que pone en juego las categorías más abstractas del sí mismo y del otro.
La polaridad amor-odio que pernean nuestros vínculos con los otros no nos convierte en esencialmente buenos o malos, sino somos una mixtura.
Sin embargo, las acciones de crueldad sobre determinados grupos sociales muestran el poder de las redes corporativas criminales que emplean la violencia extrema como medio de intimidación y control. Los 640 crímenes de odio por homofobia cometidos en México de 1995 al 2009, los más de 6,000 asesinatos de hombres solamente en tres años y 1,321 feminicidios en Juárez de 1993 a la fecha representan categorías que comparten, en su gran mayoría, la pobreza, la marginalidad y la exclusión social. Es en estos cuerpos donde se materializa la crueldad más hiriente.
Deysi Robles López, de 17 años y con ocho meses de gestación, le extrajeron el bebé y la quemaron aún con vida (Envuelve misterio caso de la embarazada muerta, El Diario, 27-10-2011); Andrés Angón, de 17 años y Miguel Ángel García de 15 años fueron levantados por un comando y sus cuerpos fueron desmembrados y distribuidos en diez puntos de la ciudad (Adolescentes 2 de los descuartizados el martes pasado, El Diario, 26-10-2011), ambos casos en Ciudad Juárez. ¿Qué significados tienen estas acciones de crueldad? Según Berezin, la crueldad es un rasgo exclusivo de la especie humana, es una violencia organizada para hacer padecer a otros sin conmoverse o con complacencia. La crueldad es un modo de violencia que se despliega para anular cualquier modo de alteridad, es la acción de derrotar la alteridad.
Esta reflexión sobre la crueldad infringida en grupos sociales en condiciones de vulnerabilidad tiene el propósito de pensar la importancia de la tolerancia. El 16 de noviembre fue designado por la ONU como Día Internacional para la Tolerancia. En la declaración de los principios que la sustentan se condena "la purificación étnica, el terrorismo, los extremismos culturales y religiosos, el genocidio, la exclusión y la discriminación".
En este sentido, por tolerancia se entiende no sólo el respeto, la aceptación sino también el aprecio por la diversidad cultural, étnica, racial, sexual y de género, es decir, la armonía de las diferencias humanas, no únicamente como un asunto moral sino también político. Así pues, en dicha declaratoria se puntualiza que tolerancia no es concesión, condescendencia ni indulgencia, sino el reconocimiento de los derechos humanos universales y la libertad fundamental de toda persona, esto en un estado democrático y de derecho. Asimismo, en nuestra Ley Federal para Prevenir y Erradicar la Discriminación se estipula que corresponde al Estado garantizar las condiciones para que la libertad y la igualdad de las personas sean reales y efectivas.
Si la tolerancia implica que toda persona es libre de adherir a sus convicciones individuales y aceptar que los demás adhieran a las suyas propias, también significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son, se señala en la declaratoria. Por ello, más que compadecernos de las víctimas y del dolor desgarrador de ellas y sus familiares, ojalá nos posibilite reflexionar sobre nuestro propio silencio, nuestra indiferencia y responsabilidad compartida por la reproducción de un orden social asimétrico, misógino, homofóbico, racista y clasista.
***















PUBLICADA POR el universal.com.mx
Gracias.

Raíces de la homofobia en América Latina

                                                                  Luis Mott

Cuando se descubrió América, España y Portugal vivían su período de mayor intolerancia contra la sodomía –la práctica de sexo anal. En la recién descubierta América se instalaron tribunales de la Inquisición –tribunales del Santo Oficio, en México, Perú y Colombia. En Brasil por su parte, representantes del Santo Oficio enviados desde Europa hacían inspecciones regulares a la colonia, denunciando y apresando a los que practicaban la sodomía. Esta práctica era considerada como uno de los pocos crímenes que las primeras autoridades de Brasil tenían autoridad para castigar con la pena de muerte sin necesidad de consulta previa con el rey de Portugal.

La homofobia en la América Latina de hoy en día tiene sus raíces más profundas precisamente en el machismo que fue traído desde Europa por los colonizadores, que consideraban la sodomía como el peor y más sucio de los pecados.

Al desembarcar en el Nuevo Mundo, los europeos encontraron una gran diversidad de pueblos y civilizaciones, cuyas prácticas sexuales eran muy diferentes de las costumbres europeas. Muchas de las costumbres de las civilizaciones encontradas por los europeos tenían puntos de vista distintos con respecto a la desnudez, la honra, la virginidad, el incesto, la poligamia, y sobre todo, la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad. Al poco tiempo los europeos se dieron cuenta de que la práctica de la sodomía era común en todo el nuevo mundo.


Los conquistadores se escandalizaron profundamente al encontrarse con esculturas que mostraban en forma explícita relaciones entre personas del mismo sexo, generalmente hombres. En México, América Central, América del Sur -tanto en los Andes como en
la Amazonia-, se dieron cuenta de que muchos indios e indias gustaban de la practica de sexo anal, a lo que terminaron asociando con la falta de conocimiento por parte de los grupos indígenas de la existencia de Dios y la Iglesia.

Pe
ro no todas las culturas amerindias, sin embargo, estaban a favor del amor entre personas del mismo sexo. Entre los pueblos mayas y aztecas, según los cronistas franciscanos, "la sodomía pasiva es abominable, nefasta y detestable, digna de desprecio y de risa por parte de las gentes". Algo que llama la atención es la contradicción que existe entre diversas civilizaciones precolombinas que, por un lado, cuentan con una mitología donde se valora el hermafroditismo y la homosexualidad, y por otro, muestran prácticas morales a veces bastante represivas, aplicando incluso la pena de muerte a ciertos casos de homoerotismo.

Antonio Requena, un venezolano precursor de los estudios sobre homosexualidad en el Nuevo Mundo menciona en un trabajo con fecha de 1945 que la homosexualidad estaba presente en el continente americano desde su punto mas extremo al norte hasta su punto mas extremo al sur.


En 1513 el conquistador Vasco Balboa lleva a cabo lo que puede ser considerada la fecha inaugural de la intolerancia hacia la homosexualidad en el Nuevo Mundo: al encontrar un numeroso séquito de indios homosexuales en el istmo de Panamá, apresó a cuarenta de ellos y los entregó a perros feroces para que los devoraran.


En 1548 se lleva a cabo la primera persecución contra europeos homosexuales: en Guatemala van presos siete sodomitas, siendo cuatro de ellos sacerdotes. Al ser llevados para la hoguera, lograron eludir la pena capital debido a un disturbio que tuvo lugar entre la población.


En 1549 el joven portugués, Estevao Redondo fue desterrado a las Américas y condenado al exilio perpetuo en el nordeste de Brasil.


En 1571 se instalan Tribunales de
la Santa Inquisición en México y Perú, y en 1610 en Cartagena de Indias, litoral de Colombia. En la América hispana, a diferencia de lo que ocurría en la América portuguesa, la iglesia no tenía autorización para perseguir a los que practicaban la sodomía, esta tarea le correspondía a la justicia real.

En Brasil, entre 1591 y 1620, 44 hombres y mujeres fueron acusados/as y procesados/as por sodomía, llegándose a fines del siglo XVIII a un total de 283 denuncias (entre portugueses y brasileños). Muchos de ellos fueron condenados a remar en las galeras del rey o desterrados a áreas remotas de África e India. De las 29 lesbianas denunciadas en el Brasil colonial, 5 recibieron penas espirituales y multas, 3 fueron desterradas y 2 condenadas a azotes en público. La más famosa, Felipa de Souza, dio su nombre al premio internacional más importante de derechos humanos homosexuales, iniciativa de
la Comisión Internacional de los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas.

Hay documentos que prueban dos ejecuciones de homosexuales en la historia de Brasil: en 1613, en la ciudad de San Luís de Marañón, un indio tupinambà, públicamente insultado y reconocido como tibira (sodomita pasivo), fue amarrado a la boca de un cañón, siendo su cuerpo despedazado al salir la bala, "para purificar a la tierra de sus maldades". En 1678, se ejecutó a un segundo mártir homosexual en la capitanía de Sergipe: un joven negro, esclavo, "fue muerto a azotes por haber cometido el pecado de sodomía".


México lideró la persecución a sodomitas en América Latina durante el período colonial: en 1658 fueron denunciados 123 sodomitas en la ciudad de México y sus alrededores, 19 de ellos fueron presos y 14 quemados en la hoguera. Uno de ellos logró eludir la hoguera por ser menor de 15 años, recibiendo pese a todo 200 azotes y 6 años de trabajos forzados como castigo. En 1673, hubo otra persecución que termino en la quema de siete mulatos, negros y mestizos.


Con el fin de las inquisiciones portuguesa y española, también en América Latina se cerraron los Tribunales del Santo Oficio en 1820 en Perú y México, en 1821 en Cartagena y Brasil. Desgraciadamente, el hecho de que la iglesia terminara con la inquisición no significó el fin de la homofobia, porque como las mentalidades no se cambian por decreto hasta hoy persiste en América Latina el fantasma de la inquisición no sólo en la ideología moralista e intolerante sino también en la composición de las elites locales, cuyos sectores más tradicionales en muchas zonas descienden aun hoy en día, directamente, de los terribles familiares y comisarios de la iglesia católica que tanto persiguió y torturo a los homosexuales y lesbianas.


Los nuevos aires modernistas europeos terminaron por inspirar a la mayor parte de los países latinoamericanos y la sodomía termino por ser despenalizada, dejando de estar incluida en los respectivos Códigos Penales, pero siguió persistiendo durante todo el siglo XIX el fuerte prejuicio y discriminación sobre todo contra los "pasivos". Un número incontable de homosexuales siguieron siendo chantajeados, encarcelados y torturados por los agentes del nuevo orden policial con la excusa de que promovían la prostitución y la baja moral. A pesar de que muchos médicos y científicos demostraron su buena intención de intentar "curar" en consultorios y clínicas a los homosexuales y lesbianas, dichas terapias adoptaron a veces formas modernas de violencia, torturando a las indefensas mariquitas con terapias dolorosísimas que llegaron a incluir descargas eléctricas, dosis enormes de hormonas y peligrosos productos químicos, incluyendo transplantes de testículos de monos.


En el siglo XX, el suicidio, la total clandestinidad, la baja autoestima, la marginalidad, los asesinatos, pasaron a ser el pan de cada día de millones de gays, lesbianas y transgéneros en América Latina, rechazados por sus familias, humillados en las calles, impedidos de acceder al trabajo. Investigaciones realizadas en Brasil, país que debe albergar a más de 17 millones de homosexuales, revelan que de todas las minorías sociales, gays y lesbianas constituyen la más odiada, observándose que el mal trato va desde el insulto verbal al trato humillante en los medios de comunicación, la violencia física en las calles, las detenciones arbitrarias hasta los asesinatos. En México, hasta hoy a los gays se los llama "cuarenta y uno", en recuerdo de los 41 maricones presos en una sola noche en 1901, que fueron sometidos a castigos humillantes, obligados a barrer las calles de la capital y a lavar las letrinas públicas.


Según
la Spartacus Gay Guide, hay áreas de levante, bares y establecimientos comerciales afines o abiertamente frecuentados por la población GLT en todos los 41 países de América Latina y el Caribe. Pese a todo, sólo en la mitad de ellos se tiene noticias de la existencia intermitente de uno o más grupos de defensa de los derechos homosexuales.
Pese a la gran diversidad socioeconómica y cultural de estos países, algunos fuertemente marcados por la herencia indígena, otros con gran influencia de la cultura africana, unos pocos con tradición ibérica más acentuada, América Latina se caracteriza por la presencia imponente del machismo y la homofobia, que reforzados por el control familiar (generalmente de inspiración cristiana) y por las grandes dificultades que la independencia económica presenta para los jóvenes, hacen que el proceso de “salida del closet” en los jóvenes sea tan difícil. Desprecio social, humillación pública y persecuciones policiales, hacen parte del cotidiano de los homosexuales latinoamericanos de norte a sur, a tal punto que se acostumbra decir que "hay que ser muy macho para ser gay en América Latina".

El término marica y sus variantes, se usa en todo el mundo latinoamericano, incluso en Brasil, como uno de los insultos más frecuentes contra los homosexuales. La misma hostilidad recae sobre las lesbianas, que sufren grave violencia por parte de sus familias, ex-amantes o compañeros, inspirados por la lesbofóbia que trata el lesbianismo como un insulto y una amenaza a la cultura machista.


Dentro de los países de esta región, Cuba se destacó en la década del 60 por la violencia con que persiguió, apresó y obligó a exiliarse a centenares de homosexuales, identificando la homosexualidad con la decadencia capitalista. Libros y películas como Fresas y Chocolate, de Tomás Alea Gutierrez y Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, revelan la intolerancia homofóbica de un período que felizmente está siendo superado. Aunque no se tienen noticias de movimiento homosexual organizado en la isla de Fidel, se sabe que dentro de las estructuras propias de los comités vecinales, lesbianas y gays discuten sus reivindicaciones teniendo buena acogida por parte de la comunidad. Prueba de esta nueva postura oficial de respeto a la orientación sexual y a los roles de género se ha puesto de manifiesta en
la ONU, cuando en la Conferencia sobre la Mujer realizada en Beijing, Cuba fue el único país latinoamericano que defendió todas las referencias anti-discriminatorias basadas en la orientación sexual.

Pese a la generalizada ideología fuertemente marcada por el machismo, que redunda en prácticas homofóbicas violentas y discriminatorias, en 1969 se fundó en Argentina el primer grupo de defensa de los derechos humanos en América Latina, que a partir de 1971 fue conocido Frente de Liberación Homosexual. En 1978 se fundaron grupos gays en México y Brasil, y en la década del 80 en Perú, Colombia y Venezuela. En los años 90 el movimiento GLT se organiza en Chile, Uruguay, Puerto Rico y Jamaica.


Hasta mediados de los años 90, la homosexualidad seguía siendo considerada un delito en Chile, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Puerto Rico. A comienzos del siglo XXI todavía persisten leyes contra la sodomía en dos países: Puerto Rico y Nicaragua. Ecuador es un bello ejemplo: saltó de la edad de las cavernas a la modernidad, volviéndose el segundo país del mundo después de Africa del Sur que incluyó en su Constitución la prohibición de discriminar por orientación sexual. En la década del 90 se aprobaron diversas leyes a favor de la libre orientación sexual: en más de 70 municipios del Brasil; y en Buenos Aires y Rosario, de Argentina. También en el estado de Aguascalientes y en el Distrito Federal de México, donde una diputada abiertamente lesbiana ocupa un curul en
la Legislatura. Manifestaciones masivas se han realizado en diversas capitales del continente, en ocasión de las celebraciones del orgullo gay, destacándose la de Sao Paulo que en 2001 reunió a más de 200 mil participantes.

ersiste, sin embargo, en todos los países latinoamericanos y caribeños, una legislación moralista represiva que generalmente se aplica con mayor rigor y de forma discriminatoria contra los homosexuales, considerándose la homosexualidad como agravante en la corrupción de menores, reprimiéndose el travestismo como atentado contra el pudor o identidad falsa, excluyéndose legalmente a gays y lesbianas del acceso a la unión civil, en la medida en que los códigos civiles y constituciones de los diversos países restringen el casamiento o el reconocimiento como familia e inclusive el concubinato, a las parejas de sexos opuestos.


Como consecuencia del pasado colonial y del esclavismo, una característica significativa observada en la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños es el alto grado de violencia física y opresión moral que se ejerce contra travestís, gays y lesbianas. En Brasil se repite de norte a sur el mandato "viado (pédé) tem que morrer!" y en todo el continente padres y madres dicen públicamente que preferirían tener un hijo ladrón o una hija prostituta antes que un gay o una lesbiana. Los obispos de la iglesia católica y, últimamente y con mayor rencor, los integrantes de las iglesias protestantes fundamentalistas, atacan gravemente a los homosexuales en los medios y en los púlpitos, censurando las campañas de prevención del SIDA para gays y obstaculizando la legislación de unión civil para personas del mismo sexo. Esas mismas sectas patrocinan clínicas de cura para homosexuales.


Aún más graves son los crímenes homofóbicos: la prensa internacional constantemente ha denunciado el asesinato brutal de gays y travestís en casi todos los países de la región, crímenes que exhiben rasgos de crueldad y son objeto de una impunidad repugnante. Muchos de esos homicidios tienen como autores a escuadrones de la muerte, la propia policía y, recientemente, grupos neonazis.


Pese a la inexistencia de estadísticas policiales sobre crímenes de odio en la región, disponemos de información bastante fidedigna sobre crímenes homofóbicos documentados en los dos países más grandes de América Latina: en México, según
la Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia, fueron asesinados 213 homosexuales en el período 1995/2000, calculándose que el número real debe ser tres veces más alto. Para Brasil, de acuerdo con los registros del Grupo Gay da Bahía, se han documentado 1960 asesinatos en el período 1980-2000, 69% de gays, 29% de travestís y 2% de lesbianas, lo que da un promedio de un homicidio cada dos días.

En números absolutos y relativos, no cabe duda que es en América Latina y el Caribe donde ocurre el mayor número de crímenes homofóbicos del mundo. Un triste liderazgo para un continente tan cordial con los turistas y con la alegría de vida y la exhuberancia de la cultura homosexual como marcas registradas de la región.
 
Adaptado del texto original escrito por Luiz Mott