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sábado, 26 de octubre de 2013

Marcel Proust y Sigmund Freud en México: entrevista con Rubén Gallo



Escrito por Daniel Barrón
Para Homozappin.com

Originario de Jalisco, Rubén Gallo es doctor en literatura comparada por la Universidad de Columbia, actualmente da clases en Princeton. Participó en el Festival Internacional Cervantino para ofrecer un homenaje-concierto a Marcel Proust al lado de la soprano Patricia Santos y del pianista Gonzalo Gutiérrez, donde se interpretaron canciones de Reinaldo Hahn. El próximo año, en marzo, se publica su libro Los latinoamericanos de Marcel Proust editado por Hopkins University Press.

“Es un libro sobre cuatro latinoamericanos que estuvieron muy cerca de Proust, el primero fue Reinaldo Hahn, venezolano, que fue su pareja. El segundo es Gabriel de Iturria, argentino, que fue pareja de Robert de Montesquiou, que es el modelo de Charlus en la novela. El tercero es José María de Heredia, pero no el poeta de Niágara, sino su primo que es un poeta que nació en Santiago de Cuba, pero hizo toda su carrera en París y es un poeta muy importante en la historia literaria francesa, y fue amigo de Proust también. El cuarto es Ramon Fernandez [siempre escribió su nombre sin acentos] que fue un crítico mexicano, estudioso de Bergson, un hombre brillante, estudió en el Collège de France y publicó estudios filosóficos de Proust, Gide y Moliére y tiene la particularidad de que durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con los nazis. Es uno de los pocos mexicanos nazis que tenemos en nuestra historia. Y el último personaje es otro mexicano que era pintor, completamente olvidado, Antonio de la Gándara, vivió en París y pintó a muchos de los personajes de Proust”, apunta Rubén Gallo mientras nos sentamos al sol de la tarde en Guanajuato.

Daniel Rodríguez Barrón: Es una historia aún no contada: la presencia de los latinoamericanos en la vida de Marcel Proust.
Rubén Gallo: Efectivamente: Una pareja venezolana, un amigo argentino, una pintor y un crítico mexicano. Es Proust tropicalizado.



DRB: Me parece que Ramon Fernandez está siendo objeto de un nuevo reconocimiento.
RG: Durante su vida fue un macho mexicano, se casó, tuvo muchas amantes, le gustaban los autos de carreras, tenía fama de mujeriego, le gustaba el tango, tenía fama de ser un famoso bailarín de tango, pero su hijo Dominique Fernandez que está en la academia, es un escritor de primera y una persona que ha hecho mucho por el matrimonio gay en Francia, una labor de activista y concientización, escribió una biografía de su padre donde él lee el machismo de su padre como una defensa de la homosexualidad o la expresión de una homosexualidad reprimida. Dominique encuentra raro que un hombre así haya publicado escritos sobre Gide y Proust, y haya escrito una novela, no publicada en vida sino hasta recién el año pasado que se llama Philippe Sauveur, es una novela sobre un escritor francés que va Londres y allí tiene su primera aventura homosexual. Es una novela que Proust leyó, Ramón se la envió, y Proust le criticó la representación de la homosexualidad, le dijo que no funcionaba, que era inverosímil.

DRB: Reinaldo Hahn sobrevivió a Proust por más de veinte años, ¿tuvo conciencia de que su antigua pareja había escrito una obra maestra?

RG: No, nunca. Hay una carta de Reinaldo Hahn a Ramon Fernandez que le escribe en medio de la guerra. Fernandez había publicado un libro sobre Proust en el año 43, era una lectura filosófica sobre la novela, y se lo manda a Reinaldo Hahn que era amigo sobre todo de su madre, quien tenía un salón muy elegante al que asistía Hahn. En la carta, Hahn le dice que le agradece el libro, que es una lectura muy interesante, le dice que a él le cuesta mucho trabajo tener una lectura filosófica porque cuando él lee la novela lo único que ve es al Marcel Proust neurótico que él conoció y el mundo de los chismes de la aristocracia que ambos compartieron y Proust trabajó para que se convirtiera en una novela.

DRB: ¿Existe alguna referencia directa entre Proust y México?
RG: Hay un capítulo de mi libro que habla de las inversiones de Proust en la bolsa. Se llama “Proust en la bolsa mexicana de valores” porque al escritor le gustaba especular en la bolsa y una de las inversiones que más dolores de cabeza le trajo fue la compra de acciones mexicanas en 1910, justo durante la revolución, y que obviamente cayeron. Entonces yo descubrí que Proust siguió todos los eventos de la Revolución Mexicana, en su correspondencia, escribía “Ahora México tiene un presidente nuevo, Madero, parece que va a cambiar el país”, unas cartas más tarde escribe, “Ahora Madero ha sido asesinado, llegó Huerta…” Proust siguió todos los altibajos de la Revolución Mexicana, pero sólo le interesaban los efectos que iba a tener en su cartera de inversiones.

Freud en México

DRB: Está próximo a publicarse la traducción de tu libro Freud´s Mexico: Into the Wilds of Phycoanalysis .
RG: Saldrá en diciembre, editado por el Fondo de Cultura Económica. En realidad son dos libros en uno. La primera parte trata de cómo los mexicanos de la primera mitad del siglo XX leyeron a Freud. Me interesaba estudiar no a los psicoanalistas, ni a los psiquiatras, sino a las figuras de la cultura que leyeron a Freud. El primer lector en México fue Salvador Novo, después hay un capítulo sobre Samuel Ramos, uno sobre Octavio Paz, y el último es Gegorio Lemercier, es este monje benedictino que funda un monasterio psicoanalítico en Cuernavaca. Y la segunda parte es sobre la idea de México que pudo haber tenido Freud. Es una parte muy divertida porque yo reconstruyo las antigüedades mexicanas que Freud tenía en su colección, los libros mexicanos que tenía su biblioteca, los sueños mexicanos que aparecen en la interpretación de los sueños.

DRB: ¿Qué idea se hacía Freud de México?
RG: La idea de un país de sacrificio humano y de canibalismo. A Freud estos temas le importaban mucho y los planteó como la base de toda civilización. En Tótem y Tabú dice que los orígenes primigenios de la civilización están en una banda de hermanos salvajes dominados por padre tirano, en cierto momento, estos hermanos se rebelan, matan al padre y se lo comen. Él dice que es el inicio de la civilización porque cada uno interioriza la autoridad, que es el inicio del Súper Yo y es el inicio de la cultura, de la religión y de la filosofía. Entonces, para Freud un acto de canibalismo y de sacrificio humano no fue lo que fue para muchos otros historiadores del mundo azteca o del México precolombino, él no lo veía con horror, como una marca de otredad, sino como parte del fundamento compartido de la civilización. Es una idea muy bonita: los antiguos mexicanos y los europeos comparten un origen.

DRB: René Girad y Roberto Calasso confirman al sacrificio como el origen de la civilización.
RG: Sí, pero viene desde La rama dorada de Frazer, y fue Freud quien le da la formulación que más impacto tuvo en el siglo XX. Es una idea muy potente, toda la sociedad, la civilización está fundamentada en un crimen. Hay un crimen primigenio y sobre este crimen se construyen las bases de la ética, la moral, la ley…

DRB: A propósito de crimen, y de Freud en México: el asesino de Trotski fue psicoanalizado…
RG: En el libro, uno de los personajes que rescaté, y que más entusiasmo me dio trabajar, fue el juez Raúl Carrancá y Trujillo, fue un gran jurista, especialista en derecho penal, y publicó el primer manual, el primer libro de derecho mexicano en 1937. El libro fue editado por Porrúa y se siguió utilizando en la UNAM hasta hace muy pocos años. Carrancá había sido un gran lector de Freud y él siempre quiso usar el psicoanálisis para el derecho penal, como una ciencia auxiliar, y él fue el juez que llevó el caso de Ramón Mercader, el asesinato de Trotski; y decide que como Ramón Mercader no quiere hablar –él desde un principio repetía la historia que tenía memorizada: que era trotskista, que era belga y que mató a Trotski porque traicionó a la causa–, sólo el psicoanálisis podría arrancarle sus secretos.

DRB: ¿Qué encontró Salvador Novo en Freud?
RG: Es una parte de Novo que casi no se recuerda. Todo el mundo recuerda al Novo sarcástico y malicioso, pero Novo fue también un gran lector de filosofía y de psicoanálisis desde muy joven y fue una de las primeras personas que reseñó un libro de Freud para un público más general en las páginas del Universal Ilustrado en los años 20. Novo lo leyó con una gran avidez. Octavio Paz dijo alguna vez que Novo era un joven que tenía la voluntad de ser moderno, casi una voluntad schopenhaueriana, Novo lee a Freud como parte de su anhelo por ser moderno, por estar en contacto con las tendencias de la filosofía y del pensamiento más rompedoras y de vanguardia en el mundo.

DRB: Conozco el caso de Gregorio Lemercier por la obra de teatro de Vicente Leñero, Pueblo rechazado. Pero no consigo explicarme qué buscaba realmente Lemercier.
RG: Lemercier fue muy criticado en su momento tanto por la jerarquía de la Iglesia Católica, como por el mundo cultural e intelectual mexicano. Parecía un disparate ese experimento: unir religión y psicoanálisis; pero es parte de un movimiento que se ve en los años sesenta y setenta, un movimiento utópico que trata de encontrar una síntesis entre el pensamiento de Freud y Marx. Marx sirve para pensar el contexto social, la historia, la política; y Freud sirve para pensar la vida interior, las emociones, los impulsos y el inconsciente. El gran anhelo es unir a estos dos intelectuales para tener una visión que fuera a un tiempo histórica pero que también tomara en cuenta el inconsciente. Eso es lo que trató de hacer Lemercier, su monasterio tenía una misión social, ellos trabajaban con la gente más pobre de México, lo monjes usaban un hábito que era copia del uniforme de los barrenderos de la Ciudad de México. Esa visión social era clara y cuando trata de incorporar el psicoanálisis para tener un entendimiento moderno de lo que es el inconsciente, las pulsiones, la represión, se convirtió en un movimiento moderno y utópico y eso fue malentendido por sus críticos.

DRB: ¿En México se sigue leyendo con la misma intensidad a Proust y a Freud?
RG: Yo creo que más bien deberíamos leerlos con esa intensidad, son dos pensadores que nos pueden dar muchas herramientas para entender el mundo en que vivimos y para entendernos a nosotros mismos.

viernes, 14 de junio de 2013

Baudelaire y De Maistre




Escrito por Daniel Barrón
Publicado en homozapping

Acaso el primero en analizar de manera breve pero certera la situación de Baudelaire en el mundo de las ideas, fue Valéry, quien en su diario del año 1919 y bajo el título de “El lugar de Baudelaire”, escribe: “Entronca con la línea del espíritu del siglo XVIII, con Balzac, Poe, Stendhal, De Maistre y Bonaparte…” Que Joseph de Maistre aparezca al lado de Bonaparte me sorprende menos que los relacione con el resto de los autores; sin embargo, años después en el Libro de los pasajes, Walter Benjamin entrelaza una y otra vez, citas de De Maistre con algunas de Baudelaire hasta que finalmente se atreve a decirlo: “Joseph de Maistre —Baudelaire’s authority on matters political”. [J80,1]

Si Baudelaire es el poeta de la modernidad, casi el inventor de las aristas y los laberintos que hoy consideramos modernos, ¿es entonces también el poeta de la sangre y el martirio, una inteligencia contrarrevolucionaria como lo era De Maistre?

Benjamin encuentra a De Maistre en los versos de Baudelaire sobre todo aquellos donde recurre a las ideas de “analogía” y “correspondencias”; pero también en su opinión sobre la naturaleza: “La naturaleza conoce sólo un lujo: el crimen”, escribe Baudelaire. Pero, sin duda, es en sus fragmentos póstumos donde encontramos la gran influencia de De Maistre sobre Baudelaire.

Recientemente, Sexto Piso editó un libro muy hermoso: Charles Baudelaire, Dibujos y fragmentos póstumos. El editor y traductor de los fragmentos, Ernesto Kavi nos asegura que esta edición “es la primera en publicar estas notas tal y como Baudelaire las dejó después de su muerte”. Me parece inexacto, la editorial mexicana Premiá las publicó en los ochenta bajo el título de Diarios íntimos; y en las Obras, publicadas por Aguilar en 1961 (conservo la tercera edición del 63) y traducidas por Nydia Lamarque los fragmentos tienen el mismo orden (sospecho que el único que existe). Fuera de eso, el libro es una joya, tener todos los dibujos en un solo tomo de un hombre que tanto amó las artes plásticas, y tener una nueva traducción de estos fragmentos es algo que merece celebrarse.

En uno de esos “proyectiles” Baudelaire escribe: “De Maistre y Edgar Poe me enseñaron a razonar”. ¿Qué es lo que Baudelaire razona en estas páginas?

La religión, el amor, el sexo, las drogas y el gobierno son los temas principales.

“Yo afirmo: la única y suprema voluptuosidad del amor yace en la certeza de hacer el mal. Y, desde su nacimiento, el hombre y la mujer saben que toda voluptuosidad está en el mal”, escribe en una de estas páginas, y un poco más adelante: “El acto de amor tiene una enorme semejanza con la tortura, o con una operación quirúrgica”.

Las ideas que Baudelaire ensaya en estos fragmentos dispersos o diarios íntimos, como quiera verse, están bajo el signo de la depresión: hemos nacido condenados, incluso nuestros más íntimos gozos pertenecen a una fuerza maligna, y cada día se muestra como un indulto provisional a la muerte que sin duda será llevada a cabo bajo la más densa de las agonías.

Como un pre-existencialista, para Baudelaire el ser humano es una pasión inútil, salvo que para los existencialistas ese hecho se debe a la condición absurda de la vida y para Baudelaire a una condena casi religiosa, sagrada: se propone escribir “Un capítulo sobre la indestructible, eterna, universal e ingeniosa ferocidad humana. Del amor a la sangre. De la ebriedad por la sangre”.

Por su parte, en la séptima velada de Las veladas de San Petersburgo, Joseph de Maistre escribe: “De este modo se cumple sin cesar, desde el más pequeño insecto hasta el hombre, la gran ley de la destrucción de todos los seres vivientes. La tierra entera, empapada continuamente en sangre, no es más que una ara inmensa donde todo lo que vive debe ser inmolado sin fin, sin medida, sin descanso, hasta la consumación de las cosas, hasta la extinción del mal, hasta la muerte de la muerte”.

Para Baudelaire, el hombre, dado que estaba condenado, no podía evolucionar ni cambiar, siempre estaba deseoso de sangre, de pérdida, invocaba, como De Maistre a irracionalismo para explicar lo inexplicable: “la superstición es el depósito de todas las verdades”, señaló.

Cuando publicó sus primeras obras, Baudelaire escandalizó por sus piezas dedicadas al demonio, a las prostitutas, a las lesbianas, desde luego hoy han dejado de sorprender por el tema, y es notable que a lo largo del libro de Roberto Calasso, La folie Baudelaire, su poesía se cite con muy poca frecuencia, en cambio, las cartas y los ensayos sean lo que más resalte. Al publicar estos fragmentos, los editores aciertan al traernos al Baudelaire más cercano si no a la sensibilidad contemporánea, si a su mecánica espiritual: estos fragmentos son intento de ir descubriendo lo que pensamos, para ponerlo, si no en práctica, al menos en papel.

Y sin embargo, ¿por qué nos horroriza De Maistre y nos seduce Baudelaire? Acaso porque en De Maistre hallamos un programa que, como bien han visto tanto Cioran como Isaiah Berlin, se convierte tarde o temprano en la fuente de todos los totalitarismos. En cambio, en Baudelaire opera como una suerte de higiene mental, (lo mismo que nos ocurre con Ciorán precisamente o con Fernando Vallejo, con todos los grandes desesperados) sus invectivas contra la infancia, la patria, los hijos, la madre, el amor, la religión… nos previenen contra influjo contrario: verlos forzosamente como algo puro, inocente y noble. El poder de Baudelaire (y el de la literatura) es el de subvertir las ideas preestablecidas y combinarlas de modo que ningún sistema social ni político daría por bueno.

Mientras De Maistre les ofrecía a los hombres la religión del poder establecido, Baudelaire enseñaba que había una forma de ofrecer resistencia, de no asentir por completo: la literatura. Lo que Baudelaire recobra en estos fragmentos es una forma de la insurrección, capaz de llevar el pensamiento hasta un límite insoportable donde no quepa posibilidad de utilitarismo social, moral o educativo, que no posee vínculo de obediencia ni de pertenencia, y no se sabe reconocer salvo en sí misma: pura, simple y absoluta literatura.

Charles Baudelaire, Dibujos y fragmentos póstumos, Sexto Piso Ilustrado, Traducción Ernesto Kavi, España 2012.