Un interesante tema acaba de ser publicado en tres volúmenes en
Francia. La historia de la virilidad, desde la Antigüedad hasta nuestros
días. El tercero de ellos está consagrado a la actualidad: “¿Virilidad
en crisis? Siglos XX y XXI”. (Alain CORBIN, Jean-Jacques COURTINE,
Georges VIGARELLO, Histoire de la virilité (3 tomes), Seuil, 2011).
Los autores del estudio analizan las tres características que en todos los tiempos caracterizaron la virilidad: el coraje, la fuerza y la iniciativa en las relaciones con el sexo opuesto.
Estas tres características se manifestaron de distinta forma a través de las diversas civilizaciones.
La Grecia antigua, por ejemplo, exaltó la idea del heroísmo espartano y de la belleza; sin embargo, aceptó prácticas completamente opuestas al orden natural.
El Imperio Romano adoptó mucho de los griegos, pero promovió a la familia como lugar propio donde se ejercía el dominio paterno. El “Pater familia” fue una casi divinidad y su poder era también sin contrapeso en la sociedad romana.
En la Edad Media, la virilidad alcanzó su máxima expresión en el “caballero cristiano”. Éste dejaba de ser un mero “dominador” para ser al mismo tiempo un “protector” de las viudas, de los huérfanos y de los pobres. Arriesgaba su vida con generosidad y valor por nobles causas. Las Cruzadas es ejemplo vivo de lo que fue la virilidad medieval. El santo rey Luis IX de Francia y el Cid Campeador en España constituyen verdaderos prototipos de esa virilidad católica. Los vicios contra la naturaleza fueron sancionados con las más graves penas.
El Antiguo Régimen, introdujo un aspecto nuevo en la historia de la virilidad, el hombre de salón. Se podía ser un gran guerrero y al mismo tiempo un hombre refinado en los modales, en la gentileza y en la conversación. La nobleza francesa del tiempo de Luis XIV fue la más alta expresión de este tipo de virilidad.
Para los autores del libro, el siglo XIX fue en cierto sentido un dominio completo de los hombres en la sociedad. Hasta aquí duró la idea de que el honor valía más que la propia vida. Y en el campo del trabajo éste implantó el concepto del “industrial” o del obrero que resisten virilmente a las inclemencias del tiempo y de las condiciones adversas. Sus vicios fueron el positivismo y la autosuficiencia.
Sin embargo, ya en el siglo XX comienza una decadencia de la virilidad, hasta llegar a nuestros días en que ella está completamente puesta en “tela de juicio”.
Los autores parecen no entrar en las causas más profundas de esta pérdida de la virilidad de los hombres del siglo XX y XXI. Sin embargo, no es difícil entrever uno de los aspectos más sensibles del problema.
Si el coraje y la combatividad son los componentes permanentes de la virilidad, ésta sólo se puede ejercer cuando el hombre posee esas cualidades. Pero, para que el hombre pueda desarrollar las virtudes de la combatividad y de la fuerza, necesita tener un estímulo que vaya haciendo germinar y desarrollar ambas virtudes.
La combatividad sólo despierta en el hombre cuando éste nota que existe algo que se opone a sus convicciones y a sus anhelos. Este “choque” se puede dar desde muy temprano en la vida. Puede ser ya en los primeros años del colegio.
Y cuando la persona intenta oponerse a esa fuerza que lo amenaza en sus convicciones o en su modo de ser, comienza a desarrollar una fuerza que hasta ese momento podría haber estado dormida.
Pero ¿qué ocurre cuando el hombre es educado, desde el despertar de su razón, en el abandono de toda convicción y de cualquier anhelo que no sea el placer inmediato? ¿Qué pasa cuando para el hombre todo es relativo y por lo tanto renuncia a tener convicciones o anhelos que no sean los más inmediatos?
Naturalmente él no va a encontrar nunca opositores. Todos serán iguales a él, relativistas que no aspiran a defender verdad alguna. Ahí la virilidad comienza a perder sus raíces. El hombre se vuelve un “pacifista” a ultranza y ese “pacifismo”, inhibiendo la combatividad, lo deteriora en su virilidad.
¿No es ésta una de las principales causas por las cuales hoy es cada vez más difícil encontrar hombres verdaderamente viriles?
Los autores del libro terminan con estas preguntas: “Hay una paradoja de la virilidad contemporánea: ¿cómo comprender que esta representación hegemónica del poder masculino haya terminado por parecer tan incierta? ¿Quieren los hombres de hoy llevar por mucho tiempo más esta carga milenaria, o preferirán que se les aligere el peso?”
Te proponemos un test de virilidad:
¿Tienes convicciones para defender? ¿Crees que la vida es más para el placer o para ser héroes? ¿Crees que existen ideas y personas que buscan el mal y que ellas deben ser combatidas?
De acuerdo a tus respuestas sabrás si tienes condiciones de ser un hombre viril.

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